miércoles, agosto 09, 2006

Imágenes del descenso II



No es la historia la que se repite, sino nosotros. La piedra con la que nos empeñamos en tropezar otra vez, y otra, no se ha movido, sigue allí, conforme su naturaleza de piedra.

Y lo peor no es tropezar de nuevo, sino haber vuelto al mismo punto, siguiendo circularmente el mismo camino, como si fuera otro.

Tropezar, caer, levantarse, es lo de siempre, lo esperable, pero no aquí, extraviado en el mismo laberinto
.
Y si la caída es menos piadosa, no es la piedra, ni el suelo, sino nuestros huesos más duros, más pesados, las rigideces instaladas de a poco, imperceptiblemente, los reflejos que ya no responden con la misma urgencia.

Cuesta más incorporarse, pesamos de otra manera, el aire -más denso- se demora en volver. La senda se desvanece por delante y hay que pensar demasiado hacía adónde encaminarse, un pie atrás del otro.

Mejor detenerse aquí un poco, mejor dejar que la tierra nos sostenga, esperar un cambio de luz, aunque, claro, anochece y hace algo de frío, y esa leve sensación de nausea se extiende.

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