lunes, noviembre 05, 2007

Noviembre




En algunos pueblos marineros existe la costumbre de arrojar flores en alta mar el día de difuntos en homenaje a todos sus náufragos. El mar tiene memoria y puede que ese día recuerde el nombre de todas las almas que se ha tragado. Me gustan los cementerios marinos porque en ellos el aire azul cargado de sal parece penetrar como un don hasta el fondo de las tumbas más cerradas. En el cementerio de la isla de Strómbroli los muertos oyen los cañonazos que emite el volcán cuando vomita fuego con una cadencia medida desde el fondo de los siglos; sienten también el oleaje del mar que eleva montes de espuma hacia sus despojos; perciben igualmente el silencio de los halcones que para cazar atraviesan el espacio, cerrados como una navaja, hasta sumergirse en el agua donde atrapan el pez que han avistado y luego se elevan llevándolo entre las garras para devorarlo sobre una tumba arruinada. En las salvajes islas de Aran, al oeste de Irlanda, contra las losas mortuorias corroídas por el salitre y coronadas con la cruz gaélica, el ventarrón lleno de lluvia dobla sobre los muertos las briznas de anís de forma peremne. En el cementerio de Rabat todas las creencias acaban por diluirse en el mar convertidas en una sola fe, porque las olas azules son todos los dioses al mismo tiempo, que cambian continuamente de forma y sólo exigen ser navegados. El día de difuntos la gente lleva flores a sus muertos. En algunas culturas se establece el rito de ir con comida al cementerio y abrir las cazuelas sobre las lápidas para compartir con los deudos guisos de carne, buñuelos y huesos de santo. Aparte del poema de Paul Valèry, si tuviera que elegir un cementerio marino entre todos los que conozco escogería el mar en sí mismo, que es el que más horizontes abarca. Ayer, día de difuntos, fui a la orilla del mar y lo contemplé como un inmenso ser vivo que alberga las cenizas y la memoria de seres que he amado. Recordé sus nombres. Estos muertos se han convertido en oscuros e invisibles navegantes cuyo espíritu flota sobre las aguas. En la playa había mucha gente desnuda tomando el sol de noviembre y desde el chiringuito llegaba hasta el alma de los muertos un olor de calamares.

Manuel Vincent

El País 5/11/07

martes, julio 31, 2007

Roberto "Negro" Fontanarossa

Hay gente por ahí, con la que nunca compartiste un café, ni cruzaste una mirada, y que sin embargo te son tan cercanos como un hermano, tan entrañables como un amigo de la infancia, tan imprescindibles como el café con leche con medias lunas.

Saber que están allí afuera, respirando, recorriendo los mismos sucesos colectivos con su mirada particular, compartiendo sin saberlo un mismo asombro, iguales tristezas y esperanzas, te reconforta, y el mundo parece un lugar menos inhóspito.

Hay gente por ahí que posee un talento tan inmenso que los podés admirar incondicionalmente, a salvo del aguijón ponzoñoso de la envidia; de esos que te hacen reir hasta las lágrimas, sin renunciar a la conciencia; que jamás pisaron púlpitos ni cátedras pero enseñan todo el tiempo.

Hay gente por ahí que desvela lo absurdo y lo cruel de esta vida con ternura y compasión y humor; que vive a pesar de todo, que comparte lo mejor de sí sin medir el precio.

Hay gente por ahí que te hace querer lugares en los que nunca estuviste, enarbolar banderas que no sabías que existían, hinchar por equipos que no son el tuyo.

De esa gente tan poca, tan valiosa, tan necesaria era el Negro Fontanarrosa. Y cuando se te mueren perdiste tu entrada para la final de Rosario Central con Ñuls, tu mesita en la ventana de El Cairo (ahí, donde termina la ola en los mundiales) y un cachito más de ganas.

Qué lo parió.

GRACIAS NEGRO!

miércoles, marzo 28, 2007

Cómo ser un gran escritor





tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.


Bukowski