viernes, febrero 08, 2008

Scriptorium II




Escribir.


No puedo.


Nadie puede.


Hay que decirlo: no se puede.


Y se escribe.


Lo desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir, eso es lo que se

consigue. Eso o nada.


Se puede hablar de un mal del escribir.

No es sencillo lo que intento decir, pero creo que es algo en lo que

podemos coincidir, camaradas de todo el mundo.


Hay una locura de escribir que existe en sí misma, una locura de

escribir furiosa, pero no se está loco debido a esa locura de escribir.

Al contrario.


La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo

que vamos a escribir. y con total lucidez.


Es lo desconocido de sí, de su cabeza, de su cuerpo. Escribir no es ni

siquiera una reflexión, es una especie de facultad que se posee junto a

su persona, paralelamente a ella, de otra persona que aparece y avanza,

invisible, dotada de pensamiento, de cólera, y que a veces, por propio

quehacer, está en peligro de perder la vida.


Si se supiera algo de lo que se va a escribir, antes de hacerlo, antes

de escribir, nunca se escribiría. No valdría la pena.

Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos -sólo lo

sabemos después- antes, es la cuestión más peligrosa que podemos

planteamos. Pero también es la más habitual.


La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la

tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto

eso, la vida.


Marguerite Duras

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