jueves, abril 12, 2012

Cartas a Isabel Russo I


Isabel... Isabel... he intuido el vacío... sentí su mirada en todo el cuerpo y se me crispó el alma, y todo, lo que soy, lo que pienso, siento, imagino quedó reducido a cenizas. Un frío glaciar me atraviesa y sé que la muerte está siempre a un paso. Isabel, me dió vértigo; sabes que nunca me han gustado las alturas, te he mencionado el magnetismo de los precipicios, la fuerza irresistible del fondo. Quise entregarme de una vez a su abrazo... es tan poco lo que me retiene y ese poco, al fin y al cabo, es humo.

Pero hay, a pesar de todo, una voluntad, una tozudez irreductible, una duda ¿y si no fuera el final?, que me arraiga lo suficiente para intentar la resistencia, desafiar lo inevitable o sus condiciones, hurgar en el rincón más remoto del ser en busca de la energía para la última carga. ¿Será arrogancia el no querer morir echado, gimoteando o presa de algún delirio? No estoy en condiciones de filosofar al respecto, es tal vez lo único que me queda y acaso sobre con él consiga edificar una torre, un dolmen o una lápida. Veremos.

e.c.

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