Hay cierta calle en el viejo Palermo
que en sueños, creo haber recorrido,
bajo un cielo saturado de estrellas,
perfume de azahar, canto de grillo.
Presiento que alguna noche de estas,
embriagada de tiempo y de olvido,
me encuentre repitiendo esos pasos,
en un eco de entreveros perdidos;
y al llegar a la esquina en la que
su trazo deviene campo infinito,
me aguarde, acechando, el destino
poncho al hombro, desvainado el cuchillo.
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