jueves, abril 20, 2006

Traful


Como un puente que no fue,

un esqueleto de maderos negros,

de tiempo y alquitrán,

estirándose con esfuerzo desde la orilla

en actitud de súplica o espera,

aquel viejo muelle

resiste aún la impiedad del viento

y la nieve.


Tal vez,

en algún recoveco,

sus maderas

guarden la memoria

del instante en que

cielo, lago, muelle y montaña

se hicieron uno,

y todo pareció cobrar un sentido

que las palabras

no pueden aprehender.


Acaso el muelle sepa

que una vez, allí,

fui feliz.

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