
Entre los inevitables ritos que acompañan la ficción del pase de año, me ronda desde hace un tiempo la idea de repasar lecturas. Un mero listado resulta árido y poco comprometido, mientras que una "crítica", demasiado pretencioso . La selección de lecturas -siempre azarosa- dificilmente puede constituir un valor objetivo en sí mismo (aunque ocultará sin duda su propio sentido) y obliga -en todo caso- a hacer distincciones acaso enojosas.
En fin, no renuncio a una especie de ayuda memoria, a recorrer ese último estante de la biblioteca personal, auscultándo sus intersticios, lo que queda y lo que que aún no ha flotado a la superficie.
En consecuencia es fuerza hallar un procedimiento. He pensado que un puente que cuelgue, con su intrínseca inseguridad, entre ambos extremos podía acercarse a un método, algo, al fin, no alejado de lo que pasa en general en esta página, volver a leer, reproducir, re-escribir los textos que me atraviesan, o buscan su propia voz. Así, pues, buscaré en cada uno de aquellos, un fragmento que parezca apropiado, y se verá. Para establecer algún tipo de orden, empezaré de atrás para adelante, de lo más reciente a los más antigüo, aunque no me ceñiré a ello si en cualquier momento un texto reclama su lugar.
Kafka en la Orilla
Haruki Murakami
"-Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado (...) .Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo. Pero dentro de nuestra cabeza, porque creo que es ahí donde debe estar, hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo esto en forma de recuerdos. Seguro que es algo parecido a las estanterías de esta biblioteca. Y nosotros, para localizar dónde se esconde algo de nuestro corazón, tenemos que ir haciendo siempre fichas catalográficas. hay que limpiar, ventilar la habitación, cambiar el agua en los jarrones de flores. Dicho de otro modo, tú deberás vivir hasta el fin de tus días en tu propia biblioteca"
Angela's Ashes
Frank McCourt
“I talk to St. Francis and tell him about Margaret, Oliver, Eugene, my father singing Roddy McClorey and bringing home no Money, my father sending no Money from England, Theresa and the green sofa, my terrible sin son Carrigogunnell, why couldn’t they hang Hermann Göering for what he did to the little children with shoes scattered around concentration camps, the Christian Brother who closed the door in my face, the time they wouldn’t let me be an altar boy, my small brother Michael walking up the lane with the broken shoe clacking, my bad eyes that I’m ashamed of, the Jesuit Brother who closed the door in my face and the tears in Mam’s eyes when I slapped her”
Seda
Alessandro Baricco
“Francia, sus viajes por el mar, el perfume de las moreras en Lavilledieu, los trenes de vapour, la voz de Hélène. Hervé Joncourt continuó contando su vida como nunca en su vida lo había hecho. Aquella muchacha continuaba mirándolo con una violencia que imponía a cada una de sus palabras la obligación de sonar memorables. La habitación parecía ahora haber caído en una inmovilidad sin retorno cuando de improviso, y de forma absolutamente silenciosa, la joven sacó una mano de debajo del vestido, deslizándola sobre la estera ante ella.”
Seda
Alessandro Baricco





















